La incondicional | Cristina Arribas González

Como quien roba silencio
para no oírse caer.
Cada mañana despertaba
con el miedo como primer pensamiento:
que nadie viera
la grieta bajo la máscara,
el temblor detrás de la sonrisa.
Todo empezó con la promesa 
de parecer eterna
Aprendió el arte del engaño:
sonreír para el otro,
esconder la dependencia de las máscaras.
Mientras se ahogaba en un silencio perfecto.

Cada mañana despertaba
con el miedo como primer pensamiento:
que nadie viera
la grieta bajo la máscara,
el temblor detrás de la sonrisa.
Todo empezó con la promesa
de parecer eterna,
de burlar al tiempo
con trucos pequeños
y mentiras bien maquilladas.
Aprendió el arte del engaño:
sonreír para el otro,
medirse las palabras,
esconder la dependencia
detrás de nuevas máscaras.
Mientras tanto
se ahogaba
en un silencio perfecto,
limpio por fuera,
letal por dentro.

Aprendió el arte del engaño:
sonreír para el otro,
medirse las palabras,
esconder la dependencia
detrás de máscaras cada vez nuevas.
Mientras tanto
se ahogaba
en un silencio perfecto,
limpio por fuera,
letal por dentro.